Una voz de aliento

Mensaje de error

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Es el maestro Antoñete quien con su natural sabiduría advertía : "El banco o te pudre o te curte" para referirse a la situación dramática de de toreros que ven pasar el tiempo sin vestirse de luces.

Por eso quiero enviarles a todos ellos un mensaje de aliento, de que nada está perdido mientras en el corazón anide el espíritu que alguna vez los convocó para asumir ese sacerdocio del toreo entendido como acto ceremonial.

Pongo de momento dos ejemplos : Emilio de Justo y Antonio Chacón. El primero por la provincia colombiana ( UNE, Tuta, Sogamoso, Lenguazaque , Palmira ) tras habersele ido vivo un toro en Madrid que lo expulsó de las plazas españolas hasta que se vino a nuestra tierra, se le acogió y más tarde Francia le dio el sitio que terminó con una explosiva salida en hombros que acogía por unanimidad esa exigente Las Ventas como selló a una exquisita temporada europea para el torero extremeño que no olvida ese tránsito y peregrinaje por mi país que es también el de ustedes. Colombia. Chacón que no lo veía claro en España se vino para el Perú, atravesó los valles, cruzó senderos peligrosos, remontó montañas, toreó en plazas abarrotadas de gentes afectas al toreo, lidió todo tipo de toros en perdidos pueblos y un día lo redescubre Madrid con un toro de Saltillo y si bien no cruzó la puerta grande de Madrid sí dejó un sello espectacular por su toreo serio, hondo y armonioso en el reciente otoño venteño. Esos dos toreros que un día no lejano fueron náufragos hoy son reclamo de las empresas y de la taquilla y en el 2019 les veremos y mucho por la geografía española y francesa.

Colombo, de Venezuela que entró en Medellín , decía sobre su situación : El sistema sabemos cómo está, no es nada fácil para nosotros cuando empezamos esta nueva etapa, pero ha sido una temporada bonita. No me puedo quejar aunque reconozco que me hubiese gustado torear muchísimo más. También sé que el año que viene va a ser mucho más importante. Trataré que salga redondo todo desde el principio para meterme en el escalafón como quiero, como primera ficha.

Mucha paciencia, mucha, fe, volver en las frías madrugadas a la plaza o al parque , a entrenar, torear de salón y mantener vigilante la mente y siempre ardiendo el corazón por esta fiesta pasional, misteriosa, a veces cruda e hiriente pero al final gratificante como el agua que se halla tras un largo caminar en el desierto , dulce como la mandarina, exquisita como el mango. Ya llegarán las oportunidades y para triunfar cuando aparece es preciso estar preparado. Aunque no es la vía mejor, la caída del cartel de un compañero por cualesquiera razón le brindará la ocasión que ha estado esperando.

No es fácil en Colombia para un empresario contar con todos los toreros que él desearía pues lo cupos son exiguos y son tiempos revueltos para el ritual taurino. Conociendo a las Corporaciones a sus responsables estoy más que convencido que si no convocan a un torero no es también duro para ellos.

Puedo entender la bronca de muchos toreros que no fueron convocados para Cali, Medellin y Manizales ( Bogotá está a la espera de saber quién será el operador de la temporada del 2019 ) y que tienen todos los méritos para vestirse de luces por esas plazas. Pero no pudo ser. No hay nada contra esos ausentes. Estoy seguro. Simplemente cuando se escoge uno se está dejando de lado a 3 , 4 o 5. Es así. Con mucha fe los invito a no desmayar, a mantener impecable el traje de luces que ya sonará el teléfono.

De manera que envío mi solidaridad y voz de aliento a Pepe Manrique, a Sebastian Vargas, a Moreno Muñoz, a José Arcila, a Franco Salcedo, a Paco Perlaza , a José Luis Robayo, a Manuel Libardo, a Sebastian Ritter, a José Fernando Alzate, a Cristian Restrepo, a Curro Martín, a Camilo Pinilla. A que no desmayen , a que se fortalezcan en la soledad.

Y dejo esas meditaciones de Emilio de Justo que viene a nuestras ferias grandes tras pasar por frente a ellas sin que nadie volteara a mirarlo :

¿Cómo logró mantener su sueño a flote durante los once años que estuvo parado?

Gracias a dos cosas: afición y vocación. Podré haber tenido mil defectos y lagunas como torero, pero mi afición y mi vocación por la profesión han sido grandísimas siempre. Eso ha sido lo que me ha traído hasta aquí. En mis primeros años de matador de toros, quizá no tuve la madurez y la experiencia suficientes para afrontar retos como Madrid, en los que te juegas todo a una carta. Las cosas no rodaron y, cuando me quedé fuera, nadie creía en mí. Pero seguí luchando. Me marché a Colombia a torear, un país que me ha dado aliento en los momentos más duros, y firmé algunas corridas en los pueblos de Extremadura. Así me mantuve hasta que, en el invierno de 2015 a 2016, apareció Luisito [su actual apoderado]. Él ha sido clave en esta aventura que, aunque parecía imposible, ha comenzado a dar frutos.

Detrás de la revelación que celebran los públicos, hay más de una década de lucha callada.......

He pasado años muy difíciles, llenos de ostracismo y olvido. Detrás de todo eso, hay muchísimo trabajo y sacrifico. Pero ser visto como una novedad ha jugado a mi favor. Salvo Madrid, no había toreado en ninguna plaza importante y eso crea una cierta expectación que para mí es positiva.

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