Un año sin el ángel del maestro Peralta

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«Que no se oigan las palmas

Que mi cabriola duerme,

La cuna de “colillero”

Lo ha dormido con la muerte».

Don Angel Peralta, el centauro de las Marismas se fue hace un año. Tenía esos venerables 93 años pero nos parecía a quienes le conocimos, apreciamos y miramos siempre con afecto supremo que debería vivir un poquito mas. Aqui, en Colombia se le admiró profundamente, hizo muchos amigos y cuando conversé en Nimes con él a propósito de la alternativa de su última alumna, la francesa Lea Vicens me dijo que le enviara recuerdos a don Fermin Sanz y voilvimos a hablar de rejoneo y de como el toreo , siempre según el maestro, es engañar sin mentir. Vino a Bogotá por última vez con el espectáculo de Salvador Tábora ( muerto hace una semanas ) que montó en La Santamaría un fragmento de Carmen y don Angel apareció luminoso en el ruedo para ejecutar con sus caballos una hermosa y misteriosa danza que hacía mas doliente el drama de Bizet.

Hablar de Ángel Peralta es hablar de una vida entera vivida a caballo. Pionero del gran boom del rejoneo en los años 70, lideró y apoderó el grupo de Los cuatro jinetes de la apoteosis -junto a su hermano Rafael, Álvaro Domecq Romero y José Manuel Lupi- que se paseó por las ferias de España consolidando y revalorizando el festejo de la especialidad. Ángel Peralta nació en la Puebla del Río en 1925. Con sólo 17 años debutó en la placita camera de La Pañoleta, presentándose ese mismo año en la plaza de la Maestranza en una novillada de promoción. Hizo su primer paseíllo en Madrid en 1948. Su última actuación en el coso sevillano fue en 1993, acartelado con doce compañeros que actuaron por colleras para celebrar sus Bodas de Oro como rejoneador. Si las lesiones lo hubieran permitido -posiblemente- habría podido alargar su carrera aún más.

A Peralta se le concedió en 2013 la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. Se premiaba así un jinete, un rejoneador que dio rango de arte mayor al toreo a caballo, un oficio que debe mucho de su moderno auge a la vocación y dedicación de este pionero que, entre otras aportaciones, fue el creador de la lidia en colleras -con su hermano Rafael- y el primer jinete que cortó un rabo en la plaza de la Real Maestranza de Sevilla en la Feria de Abril de 1971, el mismo año que pulverizó todos los récords habidos y por haber sumando 127 actuaciones en un sola temporada.

Ángel Peralta fue un auténtico visionario que impulsó los festejos de rejones como elemento imprescindible de todas las ferias taurinas. Su presencia fue decisiva para la consolidación de festejos que hoy son un clásico. De hecho, Peralta fue el actor fundamental -junto al recordado empresario Diodoro Canorea- para instaurar la corrida exclusiva de rejones en el coso sevillano. La primera se celebra en 1969 y en 1971 desembarcan en la Feria de Abril, el mismo año que el Centauro de las Marismas corta un rabo que sólo fue emulado por Hermoso de Mendoza, 28 años después.

Pero no se puede hablar de Ángel Peralta sin mencionar otras de sus facetas: labrador, actor de cine, letrista y poeta, escritor... son las caras de un hombre poliédrico que hizo de la cultura popular de la Baja Andalucía su propio código expresivo.

«… Perdona caballo mío

al toro cuarenta y dos.

Cuando cayó a mis pies,

sentí pena por los dos.

Tu moriste en centro

Como mueren los valientes,

con una corná en el pecho

Toreando frente a frente.

Y el murió embistiendo,

embistiéndole a la muerte,

como muere el toro bravo.

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