TAUROMAQUIA. Alcalino.- Temporada en puerta

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Es seguro que en la temporada chica Soñadores de Gloria se habrá perdido dinero. Lo cual habla bastante bien del desprendimiento de quienes, a fondo perdido, concibieron y ejecutaron ese complejo plan en rescate de nuestra tauromaquia, y muy mal de los que tan paciente y minuciosamente fueron cavando la tumba donde casi yace sepultada, con mención honorífica para la empresa que durante un cuarto de siglo regentó la gran cazuela sin otro fin aparente que exasperar y terminar expulsando a su paciente parroquia mediante la adulteración de los valores taurinos más escandalosa que se recuerde. Autorregulación llamaron a semejante desastre.

Ahora nos espera la temporada grande 2018-19. Por lo pronto, la empresa dio a conocer completos sus primeros once carteles, costumbre más o menos reciente que por su propia naturaleza invita al aficionado a elegir unos pocos pasando por alto los más, puesto que poder adquisitivo y precios del boletaje se mueven en direcciones opuestas. ¿Es inevitable tal restricción? Aunque se dice que la perniciosa y ya no tan reciente costumbre viene impuesta por apoderados españoles, aceptarla sin más ha contribuido no al esplendor que supuestamente aportan los caprichosos ases ibéricos a nuestras declinantes temporadas “grandes”, sino al empequeñecimiento sistemático de la fiesta de toros en México, pues cortó de tajo la ilusión de ver repetir cartel a los triunfadores, lo que por cierto era un acicate para los diestros y el mejor estímulo para el aficionado. Plantear la serie de otoño-invierno bajo un formato que, siendo lógico para ferias a corrida diaria, resulta contraindicado para nuestras temporadas, casi equivale, para la empresa, a resignarse a salir a mano en el mejor de los casos. Una extraña manera de entender el negocio.

El elenco. Los once carteles se los repartirán 21 matadores mexicanos, cinco españoles, un francés y un peruano, además de dos rejoneadores hispanos, un lusitano, un colombiano y dos mexicanos. Y solamente El Payo y Sergio Flores tienen dos fechas. Entre los foráneos bueno hubiera sido romper la monotonía con alguna novedad interesante y no cara, tipo Fortes, Pablo Aguado o Álvaro Lorenzo. Y ya que se frustró la comparecencia del peruano Joaquín Galdós, qué bueno que la organización haya rectificado para abrirles un hueco a Roca Rey y Diego Urdiales, además del inevitable grupo de mandones que aquí han hecho surco a fuerza de repetirse. Falta El Juli, de quien se asegura vendrá para la segunda parte de la campaña, y dirán adiós formalmente Nacho Garibay, Juan José Padilla, El Conde y Federico Pizarro; tampoco habría estado mal brindarle una corrida de despedida a Juan Bautista, siquiera en agradecimiento al impulso que ha brindado Francia a nuestros toreros, según atestiguan las alternativas en cosos de esa nación de los hermanos Adame, Juan Pablo Sánchez, Sergio Flores y Brandon Campos, así como las frecuentes actuaciones de tantos paisanos, matadores de toros y novilleros, tratados en el país galo con mucha mayor consideración y aprecio que en España. Pero en fin, lo ideal rara vez se da. Como bien confirma la terca insistencia en hierros y divisas tan reiteradamente fracasadas como imperiosamente exigidas por los ases de ultramar, firmes en su papel de salvadores (en realidad encomenderos estilo colonial) que aquí se les ha asignado en las últimas décadas.

72 años de historia. Que en realidad serán 73 cuando fine la temporada que ahora está por comenzar. Partiendo del lejano 5 de febrero de 1946, cuando estrenaron el embudo Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Procuna con seis de San Mateo y más de 50 mil ávidos espectadores prensados en el anchuroso graderío, se han celebrado a la fecha 1221 corridas de toros: 77 en los restante de la década del 40, 139 en los años 50 –hubo un parón entre 1957 y 59 por desavenencias empresariales--, 135 en los 60, 154 en los 70, 106 en la década de 1980, muy afectada por los desvaríos del ya muy veterano Alfonso Gaona, 250 en los 90 –para cerrar el siglo XX con 871, si sumamos las diez primeras de la temporada 2000-2001--; y ya en este XXI un total de 350, sumadas las 192 en su década inicial a 158 en lo que llevamos de la actual. Prolijo sería llevar la estadística a otros detalles que son, sin embargo, significativos (ganaderías y toros lidiados, espadas actuantes, alternativas y confirmaciones, orejas y rabos, indultos, etcétera). Queden para otra ocasión.

Cifras y contrastes. La corrida 500 en la historia de la Plaza México se celebró el 9 de marzo de 1980, era la número 13 de aquella temporada y para remarcar la efeméride se programó el mano a mano Manolo Martínez-Curro Rivera con astados de seis divisas punteras (Xajay, Tequisquiapan, Valparaíso, Mimiahuápam, San Martín y Campo Alegre). Habían transcurrido 34 años desde la apertura del enorme coso (05.02.1946); a 38 de aquella puntual conmemoración habría en la México otros 721 festejos mayores (350 en los 18 años del siglo XXI), lo que pudiera inducir a la equivocada idea de que la fiesta ha ido a más. Más realista sería la percepción si se pudiera manejar una estadística no del número de corridas sino de la cantidad de espectadores que llevaron a la plaza, y su consiguiente reflejo en la escena pública (presencia en medios, conversaciones eventuales conversaciones de sobremesa, calle, taller y oficina, interés popular por los toros, en fin), pues es seguro que para presenciar aquellas primeras 500 corridas pasaron por taquilla muchos millones de aficionados, según atestiguan los frecuentes llenos del período de referencia (1946-1980), en tanto las 721 que se dieron de entonces a ahora apenas habrán reunido entre todas una quinta o sexta parte de aquellas tumultuosas afluencias del siglo XX, en contraste con las penurias de nuestra fiesta en la presente centuria.

Vamos a ver: de su aforo oficial de 41,274 localidades, la Plaza México habrá cubierto, en la Corrida Pro-Damnificados del 12 de diciembre último, poco menos de 38 mil; si, de acuerdo con el comunicado que dio a conocer la empresa Sol y Sombra, la recaudación en números redondos fue ese día de 12 y medio millones de pesos, se puede deducir que a plaza llena –poniendo al día precios del boletaje—una entrada bruta debe rondar 14 millones y fracción. Una utopía en todo caso, pues tal como están los tiempos, media entrada (siete millones) ya pasa por excelente, y el promedio de público por corrida, considerada toda la temporada, debe andar entre seis o siete mil paganos, la sexta parte del boletaje cuando mucho (menos de dos millones y medio de ingreso bruto). Lo cual explica, entre otras cosas, la necesaria proliferación de carteles flojos, el tenaz abaratamiento en la concesión de trofeos y la inmisericorde aplicación de reingeniería a las percepciones de la mayoría de los diestros locales.

Que haya suerte. Mas como el anuncio de una temporada grande alivia todos los males que sufre y resiste el aficionado, ya ilusiona la llegada del 11 de noviembre y su cartel de apertura, un festejo de ocho toros, dos de Villa Carmela para el rejoneador lusoandaluz Diego Ventura, y seis de Barralva para Enrique Ponce, Octavio García “El Payo” y Luis David, papeleta cara sin duda. De venderse la mitad del boletaje, que sería más o menos lo esperable, difícilmente compensará los altos emolumentos de Ponce y Ventura. De las combinaciones restantes llama la atención la del miércoles 12 de diciembre, asimismo de ocho reses –hierro por designar, hágame usted favor-- destinadas a los aceros de Morante de la Puebla, Joselito Adame, Sergio Flores y Andrés Roca Rey. Y qué bueno que regrese a la monumental Uriel Moreno, cuya personal tauromaquia llevan extrañando los capitalinos demasiados años. Como la de Jerónimo –tan distinta y tan mexicana--, quien le hará los honores en 2 de diciembre a un encierro de Santa Bárbara junto con Antonio Ferrera y Juan Pablo Sánchez, uno de los carteles más bonitos del ciclo. Uriel torea el segundo encierro de Barralva –el más hecho, se dice-- para despedir a “El Conde” el 16 del último mes del calendario, con José Luis Angelino como tercer espada.

Y el penúltimo día del año habrá una corrida de rejones, por supuesto sin participación de los ases europeos de la especialidad pero sí de Jorge Hernández Gárate, Emiliano Gamero y Andrés Rozo que se presenta, como la divisa de Enrique Fraga. Otra ganadería debutante será la de Arturo Gilio, en la tercera corrida (25.11.18), con Andy Cartagena a caballo y a pie Arturo Macías y Leo Valadez. Y así hasta completar los once carteles anunciados.

¿Y la corrida 1000? Pasó prácticamente inadvertida para empresa, afición y prensa, pero no deja de tener su historia. Fue el domingo 28 de enero de 2007, toros de Los Encinos para El Pana –que repetía tras su apoteósica “despedida” del 7 del mismo mes y tuvo una tarde floja--, el linarense Curro Díaz, torero de detalles, en su confirmación de alternativa y Arturo Macías, que llevó el gato al agua desorejando a los dos de su lote para abrir la Puerta del Encierro.

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