Sería una desgracia que se prohibieran las corridas: Mario Vargas Llosa

Mensaje de error

Deprecated function: The each() function is deprecated. This message will be suppressed on further calls en _menu_load_objects() (línea 579 de /var/www/html/sitetendidoWork/includes/menu.inc).

Pablo Gomez de Barbieri conversó ampliamente con el nobel Mario Vargas Llosa sobre la fiesta y el prestigioso escritor no vacilo en advertir que si se prohibieran las corridas sería una desgracia.

El distinguido colega peruano y el prolífico escritor y ensayista charlaron en un dial muy constructivo sobre el discurrir de nuestra tauromaquia. Cuenta que su abuelo Pedro lo llevó a una corrida en una placita ubicada en un cerro de Cochabamba y afirma que no cree que ese hecho o haya hecho insensible a la crueldad.

Sobre la muerte sostiene que es un hecho inevitable en los seres humanos y relata que “Las corridas han impregnado al mundo campesino del Perú, donde muchísimas fiestas patronales se celebran con corridas”.

Un país no puede desprenderse tan fácilmente de una tradición que forma parte de su cultura por una simple disposición judicial, refiere el Nobel, razona el autor de "La ciudad y los perros ".

Por supuesto que la prohibición de las corridas de toros es un atentado contra la libertad y el derecho a la cultura de una sociedad. sentenció el nobel de literatura.

Conversamos con el Nobel peruano acerca de la demanda de inconstitucionalidad que se ventila en el Tribunal Constitucional (TC), contra la disposición final de la Ley 30407, de protección animal, que exceptúa de los alcances de esa ley a la tauromaquia y peleas de gallos.

— Le agradecería que nos comente sobre la actual demanda en el TC.

Desde luego que sería una gran desgracia para la cultura peruana que se prohibieran las corridas de toros. Ellas constituyen un hecho cultural de primer orden, enraizado en la sociedad peruana desde hace más de cuatro siglos, y que han impregnado a nuestra sociedad desde el vértice hasta los sectores campesinos, es decir, prácticamente a todos los estratos sociales.

Ellas constituyen un hecho cultural de primer orden, enraizado en la sociedad peruana desde hace más de cuatro siglos, y que han impregnado a nuestra sociedad desde el vértice hasta los sectores campesinos, es decir, prácticamente a to dos los estratos sociales.

—Siempre ha habido anti- taurinos. A la generación del 98 no le gustaba la tauromaquia y achacaban –con ante- ojeras– la debacle del imperio al carácter del español de entonces, que veían reflejado en los toros, sin una visión amplia ni darse cuenta de que aquel fracaso provenía de los desastres políticos y sociales en España en el siglo XIX. La generación del 27, por el contrario, reconoció el enorme horizonte artístico de la tauromaquia. Pero en los últimos 20 años, los animalistas –mal llamados así, pues desconocen la naturaleza están en auge y surgen veganos por doquier. ¿Qué explica esa filosofía que pre- tende equiparar a los animales con el ser humano? . Siempre ha habido adversarios de las corridas de toros. Pero muchos de ellos, como mi admirado Azorín, cambiaron de idea; él fue en su juventud anarquista un adversario de la fiesta y, más tarde, se volvió un aficionado y escribió cosas muy hermosas sobre la razón de ser de las corridas y los grandes espadas. No solo los toros han tenido enemigos; también la literatura, la cultura en general, y por supuesto la libertad, en nombre de la cual debemos defender esta fiesta que ha impregnado tan profundamente todas las artes y las ficciones del mundo
de nuestra lengua.

—Usted ha escrito notables novelas acerca de la peculiar forma de vida del interior del Perú y conoce este país tan diverso, de intrincada geografía, que la mayor parte de los limeños desconoce.En provincias y sobre todo en el mundo andino hay una visión distinta de las festividades y lo lúdico, de la relación con la naturaleza y el campo. En las ciudades ya no vivimos las fiestas como en provincias.

Es verdad que, a diferencia de lo que sostienen algunos 'progresistas' que piensan en los toros como una afición exclusiva de las clases medias y altas, las corridas de toros han impregnado al mundo campesino del Perú, donde muchísimas fiestas patronales en las comunidades indígenas las celebran con corridas de toros. En "Yawar fiesta",

José María Arguedas trazó un mural inolvidable de ese desfogue de la frustración y la violencia acumuladas en un pueblo serrano que se volcaban en la fiesta, algo que también ocurre, pero de manera más sutil y formalizada, en todos los países que están orgullosos de esta fiesta, una de las más antiguas que se mantienen vivas a lo largo de la historia de Occidente, que es también nuestra historia.

—Otro ataque contra la tauromaquia proviene de un argumento falaz, el de la violencia; así pretenden cercenar su futuro queriendo prohibir que los niños asistan a los toros. En la sierra,abuelos, padres y nietos disfrutan de la fiesta en armonía familiar.

¿Cree usted, que jugaba a los toros de niño, que ese argumento tiene algún asidero real?

La primera vez que fui fui a los toros fue de niño, de la mano de mi abuelo Pedro, a una placita que había en lo alto de un cerro, en Cochabamba (Bolivia), y que tal vez existe todavía. No creo que ese espectáculo haya hecho de mí una persona insensible a la crueldad y a la violencia, dos formas de in
humanidad que rechazo con todas mis fuerzas y a las que combato sin descanso como escritor y como ciudadano.

Dicho esto, me parece perfectamente aceptable que muchas familias prefieran evitar a sus hijos jóvenes el espectáculo de la corrida, por la impresión que podría producir en ellos. Recordemos una vez más que nadie está obligado a ir a los toros o a verlos. En nombre de esa misma libertad, debemos defender nuestro derecho a ir a los toros, un espectáculo cultural no menos importante que una gran sinfonía, un gran mural, un gran poema o una gran novela. Un país no puede desprenderse tan fácilmente de una tradición que ha impregnado su cultura por una simple disposición judicial.

Categoria: