Paco Ureña: Vale la pena vivir por lo que vale la pena morir

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Paco Ureña por un pitonazo de un toro en Albacete perdió la visión del ojo izquierdo. Ha sido un calvario que ha soportado con resignación , perseverancia, en silencio, sin quejarse ,mucha fe y el cariño de otro torero, Juan José Padilla que también perdió un ojo en Zaragoza. Ahora se viste de luces en las inminentes Fallas en Valencia y cesa el " reconcomio" que ha padecido.

El 16 de marzo con toros de Juan Pedro Domecq, el murciano integra este cartel : Enrique Ponce, José Mari Manzanares y Paco Ureña. De lujo su reaparición. Y ahí ese miedo natural del hombre ante el misterio del toro cesará como un rayo en cielo sereno.

ABC le pregunta : ¿Mereció la pena tanto calvario?

—Totalmente. ¿Qué animalista ama tanto al toro como lo hace un torero? Yo le entrego mi vida, la doy, ¿qué hacen ellos? A mí me dicen: «Paco, para que sigan los toros y perdure el toreo por los siglos de los siglos te toca irte al Más Allá». Y me voy, disfrutando de mi último toro, pero me voy. Palabra de Paco Ureña, que soy yo.

Palabra de ley, esa que dicta que vale la pena vivir por lo que vale la pena morir.

Con usted se cumple aquella frase inmortal de José Tomás: «Vivir sin torear no es vivir».

—Es una frase muy verdadera. Así lo siento. José Tomás marca la ética y la raíz profunda del toreo.

¿Fue consciente de la gravedad en el momento del percance?

—Totalmente. Yo sabía que no volvería a ver en la vida. Fue una similitud a cuando apagas la luz y no se ve nada. Sentí como si saltaran los plomos del ojo, un dolor terrible. Solo preguntaba si tenía mi ojo. El pitonazo fue letal.

¿Qué sintió al enfrentarse al espejo?

—Puff, no era capaz. Habían cambiado muchas cosas, pero no por el ojo en sí, sino porque esa situación me ha hecho querer aún más a lo principal de mi vida: el toro. Soy capaz de decir que daría mi vida por él. Ya lo he demostrado, y así seguiré mientras el cuerpo aguante.

—No se le atisba ningún rencor hacia el animal.

—Cero. Solo puedo darle las gracias. Si no hubiese podido volver a torear, aun estando vivo, sería un hombre muerto. También a Dios, por permitirme ser feliz. Y a mi familia, por estar a mi lado.

«El miedo ahora mismo es tan ilusionante que necesito que llegue. Volver a sentirlo es recuperar mi vida»

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