40 años de su vigencia...La muleta y la Constitución española

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Hoy España celebra 40 años de la Constitución la más longeva en una nación de golpes de Estado y frustraciones políticas.

Tras la muerte de Franco, comunistas, conservadores y liberales se pusieron de acuerdo para construir un proceso democrático que con sus mas y sus menos ha sido el tren que ha conducido a España a ser una de las naciones con menos desequilibrios sociales ( no es que no los haya pero menos ofensivos ).

Hace 40 años un espontáneo en la corrida de la Beneficencia de 1981. Antonio Olmos habló del tema.

Hacía apenas cuatro meses que Tejero había intentado un golpe de Estado cuando Antonio Olmos, con 34 años, fue inmortalizado en Las Ventas en la corrida de la Beneficencia el 11 de junio de 1981. Sobre la arena torea el antiguo novillero con un Viva la Constitución estampado en la muleta.

Toda una declaración de principios en una situación política delicada y en una lidia que presidían los Reyes de España. El Chocolate, como se le conocía por su tez oscura desde que se decidió a aprender el arte del toreo que hubo de abandonar prematuramente por "malas y abundantes cornadas", ya trabajaba en la Generalitat Valenciana cuando saltó al ruedo como espontáneo.

Lo tenía todo preparado", explica, "me fui a Madrid con un amigo, estuve en una corrida previa estudiando por dónde saltar y calculando el momento exacto". Y como la ocasión la pintan calva, Antonio Olmos, "la muleta oculta en la pierna para que no sospechasen mis intenciones", se lanzó a la arena cuando el segundo astado acababa de ser devuelto a los corrales. "En el arte de la lidia, cuando sucede esto, el toro no tiene dueño y no se le falta al diestro que iba a torearlo".

Viva la Constitución rezaba el mensaje que había escrito con cinta adhesiva en el haz de la tela roja. Nobel Paz para el Rey se podía leer cuando, al girar, Antonio dejaba a la vista el envés de la muleta. "Y en una esquinita, llevaba también el puño y la rosa del Partido Socialista, del que era militante desde el principio", cuenta el espontáneo.

Así se le pudo ver de nuevo, encorbatado y diestro, con la muleta panfletaria en la mano y el negro toro mirándole a la cara en el primer tomo de la colección de La mirada del tiempo que EL PAIS regaló a sus lectores el 12 de febrero.

"Ole, ole y ole", reverberan los recuerdos de Antonio, novillero. Y no debía oírse otra cosa desde las andanadas hasta la barrera: "El ole más grande, juraría que fue cuando mostré la muleta con el viva la Constitución y recuerdo que los Reyes sonreían". De sus palabras se desprende emoción, coraje, nostalgia. Antonio guarda aún la muleta que, tras la faena, le fue confiscada y una alegría, las palabras que el célebre crítico taurino de EL PAÍS Joaquín Vidal le dedicó el día siguiente en su columna: "(...) Olmos se fue al toro que no era suyo (ni de nadie ya, lo habían devuelto) y, con el bien aprendido oficio taurino que sí era suyo, dio unos muletazos, en medio del asombro general, primero, y del general regocijo, después; que la plaza aceptó el bravo manifiesto con mucha complacencia, y los Reyes reían, y el presidente de la Diputación, que les acompañaba (y es del PSOE, precisamente), estaba tan orondo que no cabía en el traje".

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